Que ver

Analizando, aunque sea someramente, la historia de Jadraque, debemos decir de inicio que, si no existen datos que afirmen su existencia en épocas primitivas, sí es cierto que por la orilla del Henares, en su término, cruzó la vía de Mérida a Zaragoza en tiempos de los romanos, y que en dicha orilla han aparecido, en diversas ocasiones, monedas y leves restos arqueológicos que confirman este supuesto. Tuvo asiento, aunque fuera mínimo, la raza islámica, y de ella deriva el nombre actual de Jadraque (Xaradraq en las crónicas árabes).

Pudiera ser, según algunos investigadores recientes, que el Castejón que se menciona en el Poema del Cid, se tratara en realidad de esta villa. Ello es lógico si se considera su privilegiada situación dominando realmente el valle del Henares, lo mismo que hacían las fortalezas de Guadalajara, Hita y Sigüenza. Además, crónicas posteriores y documentos relativamente modernos seguían denominando Castejón de abajo a Jadraque. De ahí quizás que todavía quede anclado en la memoria colectiva que se llama tradición, el hecho de nombrar castillo del Cid al de esta villa. El hecho cierto es que, tras la reconquista del lugar, sólo formado por escasas viviendas y el fuerte castro del altivo cerro, se constituyó Jadraque en aldea repoblada del amplio Común de Villa y Tierra de Atienza, usando su Fuero y sus pastos comunales. Su crecimiento debió ser rápido y notable a lo largo de la Edad Media, favorecido por el enclave cer-cano y vigilante del río, junto al camino real hacia Aragón. Se sucedieron los pleitos con objeto de independizarse de la tutela, y jurisdicción de los atencinos. Y a comienzos del siglo XV consiguieron que, de algún modo, se reconociera esa identidad propia del Común jadraqueño, constituyéndose en Tierra independiente de los atencinos, dividida a su vez en dos sesmos: el de Bornoba y el de Henares. Esa soltura de la jurisdicción de Atienza se hizo a costa de entrar en señorío particular, pues en 1434 el rey Juan II hizo donación de Jadraque y un amplio territorio en derredor a su parienta doña María de Castilla nieta del rey Pedro I el Cruel- en ocasión de su boda con el cortesano castellano don Gómez Carrillo.

Aparte del señorío jurisdiccional creado por estos nobles, Jadraque pudo regir, a través de su Concejo, otros muchos aspectos, entre ellos el importante de la distribución de pastos, sobre un amplio territorio situado en las estriba-ciones meridionales de la serranía atencina. Heredó el estado don Alfonso Carrillo de Acuña, quien en 1469 se lo entregó por cambio de pueblos y bienes, a don Pedro González de Mendoza, a la sazón obispo de Sigüenza, y luego gran canciller del Estado unificado de los Reyes Católicos. El cardenal Mendoza dejó el territorio jadraqueño, integrado en abultado y riquísimo mayorazgo, a su hijo Rodrigo, a quien llamó, por estar en la creencia de descender en línea recta del Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza. Este recibió, por su bravura y destacada actuación en la guerra de la reconquista de Granada, el título de marqués de Zenete, y en ocasión de su boda con Leonor de la Cerda, hija del duque de Medinaceli, fue mejorado con el título de conde del Cid. Al unirse el marquesado de Zenete, durante el siglo XVI, con el mayorazgo de la casa de Mendoza, duques del Infantado, en esta casa quedó, en señorío, llevado con blandura y buena armonía hasta la disolución de los mismos en los inicios del siglo XIX. Capital de amplia, aunque pobre comarca, todavía muchos pueblos de la serranía de Guadalajara llevan el apellido de Jadraque. Ello condicionó, a partir del siglo XV, su consistencia como centro administrativo, burgo comercial y artesanal, e incluso núcleo señorial y militar. Florecieron las letras y se cultivaron las artes. Un denso núcleo de hidalgos se asentó en Jadraque, amparados de los Mendozas, y junto a importante vía de comunicación entre Castilla y Aragón. Al colocarse el ferrocarril en el siglo XIX, Jadraque obtuvo estación de parada, y esto le hizo nuevamente crecer y despuntar comercialmente, manteniendo discretamente su tono, en este sentido, hasta hoy mismo.

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